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Not the real history Junio 28, 2009

Posted by Miss Bathory in Cuentos chinos, General, Libros.
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Una tarde en la librería, dándomela de lectora empedernida, decidí comprar un libro. Decidí leer un libro. La pregunta fue ¿Cuál?  Naturalmente, a mis escasos trece años no había leído nada más que el Principito y uno que otro libro que mi profesora de castellano me obligara a leer (libros que odio; autoayuda, superación y crecimiento personal…  Charlatanerías que nadie aprende porque son absurdas pérdidas de tiempo). Así que me debatí el dilema de “juzgar un libro por su portada”, dando por repuesta ganadora, un: sí; ve la portada, debe gustarte, pero no olvides el título. Piensa ¿qué clase de libro puede llevar un título y una portada así? Y en caso de suponer que se trata de alguna historia, piensa en esto también: ¿qué clase de historia podría ser? No fue un arduo dilema; me atrevería a decir que todos juzgan al libro por su portada (con el debido perdón a aquellas excepciones).

Y entonces empecé.

Torres oscuras, perfumes, trenes que se descarrilan, historias de catedrales, cronologías de Hitler, historias que desbordaban frenesí tan sólo verlas, piratas, ángeles, feng shui, quiromancia aplicada (WTF?), sexo, manuales, más historias de cosas comunes que sólo su escritor supo apreciar. Como suele suceder, me prestaron un banquito para que ojeara todo su contenido bibliotecario con paciencia. Pero la verdad es que todos los libros me llamaban la atención, y, a la vez, todos se me antojaban aburridos. Ya llevaba en la librería viendo por aquí, preguntando por allá, casi una hora ¿poco tiempo? Puede ser; pero era la primera vez que hacía eso así que era mucho.

Me perdí en la lectura de las notas de referencia de un libro corriente, deliberando el veredicto: no compraré un libro. Dudo que pueda leérmelo entero. Dudo que QUIERA leérmelo entero; no haré a mi papá gastar sesenta mil en algo que acabará en la biblioteca de mamá junto a sus libros de astrología y brujería. No, mejor no. Esto no es para mí.

Señorita, ¿llevará alguno?

—Oh sí, estoy entre este, este y este… Bueno, aquel de color verde luce interesante.

Me estaban corriendo. Qué vergüenza. Perdí la noción del tiempo pensando tonterías, porque no le estuve prestando atención a nada de lo que iba leyendo.

Finalmente me levanté del banco sujetando con suma destreza unos seis libros, los devolví a dónde creo que iban, y me dije que tendría que comprar uno. Era lo menos que podía hacer después de haber acabado con la (nula) paciencia de los libreros. Me giré en un ángulo de unos 90⁰ y ahí estaba: el Cuento Número Trece. Diane Setterfield. La portada era una pila de libros desgastados, escarlatas y verdes muy vistosos. En seguida pensé que se trataría de algún libro de misterio, no podía ser otra cosa.

Entonces me di cuenta de que no había estado allí en vano, puesto que de lo contrario, no habría descubierto ese libro. Lo pagué y me fui. Una vez en el carro lo saqué de la bolsa y empecé a ojearlo. Una impertinente voz interna empezó a decirme: no te lo leerás todo. Ya verás, es demasiado largo y tú bien que te conoces. Bueno después de todo, no me conozco tan bien J sólo que tardé aproximadamente un mes para darme cuenta de eso.

Al principio me pareció que el libro era algo complicado, digo, poseía una trama un tanto intrincada que requiere la atención de un lector experimentado para poder entenderla. Yo era una novata. Y por lo tanto, releía una y otra vez el mismo capítulo hasta encontrar (y entender) el por qué de algún hecho que llamara mi atención entre tantas palabras que leía de lo más distraída pensando en qué podría pasar en la próxima clase de natación o en que Caracas definitivamente es horrible. Así que leer El Cuento Número Trece me tomó casi un mes. (…)

[Habían empezado las clases y fue el hecho de volver a estar con mis compañeros el que me hizo ver que ahora yo era una joven chica más culta: ya había leído un libro por mi cuenta y no había sido Harry Fucker o algo de eso. No. Había sido un libro diferente, escrito seguramente para alguien mayor, dedicado a alguien monótono, un libro que sólo había sido tocado en los estantes de la librería por el plumero o las sin-rumbo manos de algún lector ávido de libros para devorar, cuestión que me hacía especial, bueno, al menos en mi mundo.]

[Empecé a escribir este post con ganas de cuantificar mi amor por la historia de Margaret Lea, de Vida Winter, de cuanto me encanta Charlie pero veo que soy tan despistada que ahora, a dos semanas de haberlo empezado, cambié su propósito y acabó convirtiéndose en la historia de cómo lo hallé. Creo que no debería dedicarme a la escritura de un libro, jajaja si se tratara de hacer una biografía de Isaac Newton seguro terminaría escribiendo una sobre mí o qué sé yo. Por eso me dedicaré a los números, oh sí, matemáticas, mucho mejor.]

Nota: perdón para aquellos pocos que empezaron a leer este post y vieron que está falto de orden. A decir verdad, pensé en no publicarlo, pero debo admitir que me gustó mucho la redacción (como siempre) y a falta de cosas qué publicar, no tuve otra opción.

Gracias por tu tiempo ;)

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